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viernes, 28 de noviembre de 2025

Año 1625. Victoria en Cádiz

 

      Termina el mes  de Noviembre. No hay un maldito sello - que me corrijan los participantes en la Exfilna 2025 celebrada imagínense Vdes. dónde. No se ha emitido ninguna puñetera medalla o moneda conmemorativa. Acto institucional o festejos inexistentes. Ni, por descontado, lápida o estatua evocadora en la trimilenaria ciudad. Tan sólo la persistente indolencia supina en celebrar los éxitos de nuestros antepasados. Lo siento, pero es que tiene delito el asunto.

      Porque, salvo alguna publicación de difusión reducida y alguna charla en algún centro de enseñanza, poco se ha divulgado de los combates ocurridos a principios de un mes como éste hace cuatrocientos años. Huestes inglesas y rebeldes flamencos llegaron por mar a la bahía al asalto de Cádiz. Objetivos: los de campañas anteriores. Robar el tesoro de la Flota de Indias, saquear la ciudad, pedir rescates por secuestros a residentes y dejar atrás el menor número posible de edificaciones en pie. Gallardos guerreros frente a los siempre depredadores hispanos - y quien roba a un ladrón... pues éso.

      Pues bien. A pesar de múltiples frentes abiertos por todos los rincones del orbe por los ataques de los adversarios de siempre, aquel año se les hizo frene con éxito en casi todos los escenarios. Y aquí, por una combinación de factores se les frenó en seco. La mejora en las defensas de la ciudad - aunque lejos de ser perfectas - más la determinación de los defensores fueron determinantes. Aparte, la imprevisión, mandos supuestamente ineptos, las carencias logísticas de los contrincantes, la climatología y unas botas de vino jugaron su papel: recuerden cómo estos factores enfatizados por los propagandistas actuales de aquellos asaltantes fueron minusvalorados por éstos mismos propagandistas en otras ocasiones - ¿recuerdan los sucesos de la Gran Armada de 1588?

Desde emplazamientos como éste se rechazaron los envites de los enemigos
Castillo de San Sebastián, Cádiz - 20 Diciembre 2016

      Aquí, frente a la Real Villa fondearon las maltrechas naves de la acosada flota, antes de partir para otra intentona a la altura del Cabo San Vicente, y volver a sus puertos de origen menguados y chasqueados. Les dejó tal sabor de boca que no lo volverían a intentar en varias décadas. Que corra un tupido velo, dirán hoy día en tierras más septentrionales: porque fueron derrotados y de éso no les interesa hablar. Ya se pueden imaginar los fastos que estarían celebrando nuestros adversarios si ellos hubieran sido los vencedores.

      Se ganó aquella batalla pero, como de costumbre, se perdió el relato tiempo atrás. Parece como si a nuestros rectores y a la élite intelectual se avergüenzan de nuestro pasado, o bien les importan un rábano y prefieren dedicarse a otros menesteres. Cualquier cosa menos hacer piña, expandir la idea de patria y que el colectivo se sienta orgulloso de esa historia común - de derrotas y victorias - y para satisfacción de los enemigos de la Hispanidad, interesados en repetir que nuestra historia se reduce a una sucesión de derrotas contundentes y una(s) inacabada(s) guerra(s) civil(es). Pues, bueno: ya está bien de refocilarnos en la mugre de dolorosas derrotas o de avergonzarnos de actuaciones comunes en un mundo de cuatro siglos atrás. Es hora de cambiar la inercia negativa. Otra "Marca España" es posible, reflexionando y aprendiendo también sobre los éxitos de antaño. A ver si cunde.




Nota: Foto tomada con Nikon Coolpix L830, editada con Microsoft Fotos y Windows Paint.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Una década de Puente de la Constitución de 1812

 

      Tras muchos años de espera y con un aluvión de millones superior a lo inicialmente presupuestado, el 24 de Septiembre de 2015 se iba a poner en marcha el tercer acceso pavimentado a Cádiz, el segundo sobre las aguas - del cuarto acceso surcando la bahía parece que pocos lo tienen en consideración. Algo antes había sido abierto para celebrar una etapa de la Vuelta ciclista a España, y de algún paseíllo oficial - la foto hay que sacársela siempre.  A pesar de los evidentes retrasos, que la obra acabara resultó ser un logro cuasi-milagroso en unos momentos en los que aún coleaban los funestos efectos de la horrible crisis del 2008. 

      La fortuna y la constancia trajeron una imagen de modernidad para el asentamiento poblacional urbano más antiguo de Europa Occidental, según se supone. Además, al lado del gran pasarela a la Tacita se la ve como más resultona. ¡Quién pudo haber imaginado cómo iba a cambiar el skyline gaditano desde el otro lado de la bahía apenas unos años antes!


Puente de la Constitución de 1812 
y crucero "Costa Fortuna" saliendo del puerto de Cádiz -17  Septiembre 2015




Nota: Foto tomada con Nikon Coolpix L830, editada con Microsoft Fotos y Windows Paint.

viernes, 10 de enero de 2025

La Princesa y el Rey de los mares

 

A-71 "Juan Sebastián Elcano" y P-73 "Vigía" (Armada Española)
Terminal Marítima de Cádiz - 09 Enero 2025 (Foto cortesía de A.C.G.)


A punto de cumplir su centenario va a salir a la mar,

aún joven por edad, con una ilustre persona.

Como cada año, cubrirá muchas leguas,

contemplando cielos estrellados y amaneceres solitarios,

tocando un puñado de puertos, 

deslumbrando en otros países nuestro mejor embajador en ultramar.

Y aunque mañana no pueda presenciar tan histórico evento,

la despedida de tan señalado Crucero de Instrucción, 

los mejores deseos para la Princesa y toda la tripulación.

Cuídense de los cantos de sirena,

feliz viaje, y hasta pronto. 




Nota: Foto tomada con iPhone 13; editadas con Microsoft Fotos y Windows Paint

sábado, 13 de enero de 2024

96º Crucero de Instrucción - la bahía queda atrás

 

Espigón del Duque de Nájera, Rota (Cádiz) - 13 de Enero de 2024



Otro crucero más,

en la salida siempre bien acompañado,

ya arrecie el gélido levante con saña,

ya la mar se muestre algo bravía.

El sol se abre paso para participar en la despedida,

 pues pasarán algunos meses para que vuelva a las aguas de Gades,

el mejor embajador navegante de las Españas.






Nota: Foto tomadas con Xiaomi Redmi Note 9, editadas con Microsoft Fotos y Windows Paint.



P.D.: ¡Mil gracias a aquellos que en el día de hoy volaron tan cerca y tan bajo para que pudiera tomar alguna bonita instantánea!

miércoles, 2 de agosto de 2023

Ángel Laborde y Navarro

 

      Cuenta una leyenda que un marino español, tras renegar de la causa de su rey, sembró el terror en los barcos que decidían aventurarse en las aguas caribeñas desde finales del siglo dieciocho hasta principios del diecinueve. A este fuera de la ley se le supone que logró amasar una fortuna que nunca llegó a descubrirse, para delicia de los buscadores de tesoros de hoy. Su nombre; José Gaspar, alias  "Gasparilla", recordado en un Festival Pirata anual que se celebra en la ciudad de Tampa, Estado de Florida, antaño frecuentado por bucaneros.

      También otro marino español surcó aquellas misma aguas en el primer tercio del siglo diecinueve. Destacó por su brillante carrera militar, con más altos que bajos, a pesar de las penalidades que sufrió; incluyendo la penuria de medios materiales y humanos casi insuperables, y coincidiendo con ese periodo de siglo que resultó  catastrófico para la vieja Hispania, arriesgándolo todo y saliendo airoso de los numerosos desafíos que se le presentaron.  Su nombre; D. Ángel Laborde y Navarro, completamente olvidado en la tierra que le vio nacer.

    Porque afortunadamente, la trimilenaria ciudad gaditana ha parido a muchos hijos distinguidos: políticos, pintoras, escritores, poetisas, cantantes, científicas, músicos... El recuerdo de algunos se ha perpetuado a lo largo de los tiempos, aunque ya se ve que otros no han tenido tanta suerte. El único homenaje (póstumo) conocido que se le ofreció a D. Ángel fue la dedicatoria de una calle durante un puñado de lustros del siglo diecinueve, no muy lejos de la vivienda donde vino al mundo hace doscientos cincuenta años tal día como hoy. 

La calle, en un sentido

     Por ese mar Caribe batalló con denuedo a bordo de aquellas fragatas y corbetas mientras deambulaba a merced de los vientos, realizando ímprobos esfuerzos por motivar a gentes forzadas a servir a bordo de los bajeles del Rey. Y a pesar del estado de dejadez en que se encontraba la Real Armada entonces, incluso consiguió alentar a aquellos en los que cundió el desánimo ante tanto infortunio, incluyendo a compañeros de armas en situación de indigencia. Y lo que resultó ser más extraño en aquellos tumultuosos tiempos; no se le conoce intentona de participar en pronunciamientos o asonadas. 

      Es, pues, el caso de un marino insigne de la Real Armada española, que descansa eternamente no muy lejos de aquí - en la Isla de León - tan cerca de la tierra y la mar que les vieron nacer. A ver qué entidad local muestra algo de respeto por su memoria y su legado y se digna a costear un cuadro, una estatua, o tiene interés en presionar a quien corresponda para dedicarle el nombre de una calle de nuevo. O una coplilla en el próximo carnaval, qué espanto...


La calle, en el otro






Nota: Fotos tomadas con iPhone 7, editadas con Microsoft Fotos y Windows Paint.

domingo, 12 de marzo de 2023

Salida de la escuadrilla de torpederos de Cádiz (12 Marzo 1898)

 

      En la Perla de las Antillas el ambiente se estaba poniendo muy enrarecido tanto por sucesos que venían de lejos como por otros más cercanos en el tiempo. Y el gobierno de entonces, temeroso de que una movilización más nutrida de barcos pudiera acelerar un conflicto, decidió mandar una escuadrilla a la zona caribeña. Por si las moscas.

      El grueso de la agrupación que habría de cruzar el Atlántico, al mando de D. Fernando Villaamil, estaba formada por unos cascarones. Tres de ellos, los más modernos y de mayor porte, habían sido concebidos por el país de origen de sus constructores para luchar en el Canal de la Mancha contra los torpilleurs franceses, en caso de conflicto que se antojaba cercano. Fueron los llamados destructores (de torpederos) o contratorpederos, como por aquel entonces se les llamó por aquí.

      Fueron apodados aquellos barcos "Los galgos del mar", según alguna publicación de la época, y su armamento era algo superior al de sus homólogos británicos según los requerimientos de la Armada.  Alguno se había recepcionado apenas semanas antes, con una tripulación apenas  familiarizada con sus nuevas embarcaciones. Sin embargo, aquel tipo de naves no  estaban diseñadas para afrontar una navegación transatlántica, y menos en medio de una situación de crisis internacional. Pero los marinos hispanos estaban decididos a demostrar lo contrario.

      Y fue desde el puerto de la Tacita de Plata donde se reunieron los galgos en compañía de  tres torpederos y el crucero auxiliar "Ciudad de Cádiz", zarpando tal día como hoy hace 125 años rumbo suroeste para abandonar la España peninsular y con el objetivo de defender las lejanas tierras de la declinante América Española.

Lugar privilegiado para ver la salida, el que hubiera podido

      La navegación resultó ser una proeza insuficientemente valorada aún hoy, cegados por el humo de los combates adversos que sucedieron pocos meses después. Llegaron mucho más lejos de lo previsible - los más pequeños hasta las Canarias, el resto hacia su destino final en el Caribe. Por dar una muestra de la capacidades técnicas y de adaptación de las tripulaciones, incluso uno deñado en combate, hizo el camino de vuelta tras unas reparaciones de fortuna al final del conflicto.

      Sí, eran conscientes de que no dispondrían de instalaciones de apoyo en la isla, lo cual era un hándicap. Y con todo en su contra, conscientes de lo que les podía deparar la fortuna, con abnegación y una valentía sin igual se dispusieron a cumplir con su deber hasta sus últimas consecuencias ante un muy superior adversario. Unos héroes de verdad. 

martes, 6 de septiembre de 2022

500 años de la llegada de la Nao Victoria a Sanlúcar de Barrameda

 

      Casi toda la parte del país que se ha podido permitir unas vacaciones fuera de casa ya está de vuelta, en las vísperas de la tan cacareada crisis que nos va a azotar este otoño (lo de los últimos meses no se sabe muy bien qué ha sido) y en medio de desatinos de todo tipo a niveles planetario y terruñal por parte de propios y extraños. Desatinos que llevamos padeciendo - y tal vez aportando cada uno de nosotros en ellos - desde hace más temporadas que episodios tiene la serie "Aquí no hay quien viva". 

      Pues en este ambiente tan revuelto, tendríamos que celebrar la llegada a Sanlúcar de Barrameda de la única nave superviviente de la expedición comandada por Juan Sebastián de Elcano en su tramo final, tal día como hoy hace quinientos años. Y encima, volvieron con un cargamento de especias que no sólo sufragó los gastos de toda la Empresa, sino que se consiguieron unos maravedíes extras que no vinieron mal a las arcas públicas. 

Arboladura de la réplica de la nao "Victoria" (15 Diciembre 2018; Rota, Cádiz)

      Esperemos que no sólo se hayan programado festejos que sean la flor de un día, sino que los ecos de semejante empresa alcance para los 525, 550, y más allá, aniversarios. Aprendiendo de lo que no se hizo lo suficientemente bien, y edificando en todo aquéllo que si fue positivo para que tomemos nota los descendientes de aquellos sufridores sobre maderas en lo océanos. Los que confirmaron la forma de este planeta de forma empírica y conectaron mundos de tierras lejanas. Un recuerdo a todos éllos.

jueves, 7 de octubre de 2021

Lepanto, cuatro siglos y medio atrás


      En algún momento del mes de Mayo o Junio de hace cuatrocientos cincuenta años, varias naves de la Escuadra de Galeras Reales surtas en El Puerto de Santa María, zarparon rumbo a Barcelona para formar parte de la aportación hispana a la gran flota de la Santa Liga para combatir al turco. Y, a buen seguro, algunos habitantes de la Real Villa contemplarían el espectáculo de aquellas embarcaciones saliendo de la desembocadura del Guadalete, hasta doblar la punta de Cádiz rumbo sur.

      Quién sabe si algunos vecinos de la villa estarían embarcados para la gran empresa. Posiblemente algún legajo de los extensos archivos que por ahí se conservan lo pudiera confirmar. Tal vez estuvieran presentes como marineros; quizás como soldados; quién sabe si como galeotes (éstos últimos, en cualquiera de las naves de los dos contendientes). Probablemente no sabrían cuál sería su destino, aunque sí a quiénes se iban a enfrentar. Y el enemigo sería duro de batir, si es que aquello iba a ser posible. Quizás el Capitán General de la Mar, el navarro D. Sancho Martínez de Leiva y Ladrón de Guevara, con cuentas pendientes que saldar con el Turco, sabría cómo disipar las dudas y temores de sus subordinados y enardecerlos para participar en la gran victoria de las fuerzas cristianas coaligadas, conseguida tal día como hoy hace exactamente cuatro centurias y media.

El capitán cristiano más recordado y la batalla en el callejero local

      En aquellas lejanas aguas del Mediterráneo oriental se paró, con mucha sangre vertida a la mar, la expansión naval otomana hacia el oeste. Y comenzó un lento, pero cierto, declive de la influencia turca - en cierta forma paralela a la que sufrió la Monarquía Hispánica - a lo largo de las décadas siguientes.

      Y, una vez más, las vueltas que da la vida: empresas españolas intentando vender barcos de guerra a los descendientes del antiguo Imperio Otomano en pleno siglo XXI, en los que una conocida marca de zumos hispana fue propiedad de una empresa turca durante varios años - incluyendo al musculitos del primo, suponemos. Es más, ¡quién les hubiera dicho a todos aquellos luchadores que casi cinco siglos después sus descendientes iban a ser seguidores fieles de folletines turcos! Vivir para ver.

jueves, 15 de julio de 2021

1596. El saco de Cádiz

 

      Al escribir estas líneas, cuando todos los voceros de turno pregonan que estamos ya casi entrando en esa benéfica nueva normalidad,  los corazones se sobrecogen y las carteras tiemblan al anunciar el gobierno británico una vez más, que el territorio peninsular hispánico no está incluido en las zonas con luz verde para que los viajeros británicos puedan desplazarse sin PCR ni cuarentenas fastidiosas. 

      Y, mientras,  los pregoneros de los diferentes gobiernos de la vieja piel de toro llorando por tamaña discriminación y afirmando con contundencia que son destinos seguros y que lo reconsideren, porfa. Qué importa si en la pre-pandemia esos mismos hablaban en abandonar al viajero tradicional de masas y en atraer un turismo de mayor calidad a sus costas - siendo un secreto a voces quiénes no entraban en esa selecta definición. Extraña forma de tratar a tu clientela de siempre.

      Así pues, todos - y, por supuesto, cada uno por su lado - clamando para que visitantes de aquellas islas septentrionales bajen con total libertad - aún cuando la Unión Europea señala lo contrario - a gastar sus libras en nuestras costas mediterráneas, como debe ser. Que vengan, como sea, pero que vengan. Pero no siempre nuestros gobernantes quisieron que fuera así.

      Porque hace ya la friolera de 425 años las huestes anglo-holandesas abandonaban las cálidas aguas de la bahía gaditana para volverse a sus tierras con el botín obtenido en la ciudad de Cádiz tras eliminar los escasos medios hispanos en la mar y, tras ver arder las naves de la Flota de Nueva España, pasar al asalto de las defensas y rebasar las irrelevantes fuerzas en tierra que se les opusieron.

Al principio lo intentaron por aquí, per no pudieron (Playa de la Caleta, Cádiz)

      Después, se sucedieron los pillajes durante varios días, respetando las vidas de los habitantes, hasta que se decidieron a largar velas y volver por donde habían venido. Los daños materiales fueron importantes, pero aún lo fueron más los morales y la pérdida de prestigio - aunque las fuerzas de la monarquía consiguieran éxitos notables ese mismo año.

Por aquí se refugiaron algunas galeras del Rey (aguas de Rota, Cádiz)

      Lo más importante fue  que, a partir del luctuoso suceso, se retomaron en los años posteriores las obras de defensa de la ciudad: ya nunca más claudicaría ante el embate de las fuerzas inglesas, holandesas, o combinadas - aunque sí de los franceses, pero ésa ya es otra historia...

sábado, 6 de marzo de 2021

¡Por fin!... ¡Tierra a la vista!



      Algo más de dos meses sin tocar tierra firme, sin reponer provisiones, sin beber agua fresca, diluyéndose las esperanzas en un océano tan vasto como jamás europeo alguno hubiera navegado...  y, tal día como hoy, hace 500 años, Lope Navarro, vigía de la nave Victoria avistó dos islas y pusieron la proa hacia la que quedaba algo más al sur, quedando la visita a la más  septentrional para otra ocasión futura.

      Sin duda, la visión del paraíso terrenal en los ojos de toda la tripulación sin pensar en las venturas y desventuras que les depararían aquellas tierras.


Piscina natural en la isla de Rota (tomada de www.TripAdvisor.es, 28 Feb 2021)


      Y aquella isla que se quedó sin visita con el tiempo se dio a llamar la isla de Rota. Y ese nombre se ha perpetuado hasta nuestros días.  Y da igual el porqué se le otorgó ese nombre: desde ese momento, villa de España e isla de Oceanía quedaron conectadas etimológicamente, a tan grandes distancias. 


Réplica de la Nao Victoria en el Puerto Deportivo de Rota (2020)

      Bueno, tan sólo una anécdota de tan excepcional expedición a los otros confines del Globo, que con los acontecimientos actuales casi pasará desapercibida. O tal vez no.






domingo, 6 de diciembre de 2020

La Grande Expedición (1820)

 

      Quizás estas líneas lleguen unos meses tarde, pues a principios del presente año se cumplieron doscientos de las desmovilización y posterior disolución de la penúltima gran armada que iba a cruzar el océano Atlántico en demanda de las otras tierras de ultramar que aún formaban parte, nominalmente, de la Monarquía Hispánica. Sucesos ocurridos en paralelo con el levantamiento liberal - culminado con éxito tras varias vicisitudes - comenzado en tierras sureñas donde las tropas destinadas a embarcar se encontraban acantonadas. "¡Viva la Pepa!" otra vez.

      Éste fue, pues, el postrer intento de enviar un ejército expedicionario a las Américas para forzarlas a volver al redil, para mayor gloria de su Majestad Fernando VII. Y el esfuerzo no fue menor, considerando la devastación provocada en tierras peninsulares por la llamada Guerra de la Independencia, acabada apenas seis años antes, que dejó tanto a la población como a su economía hechas un desastre. Todo ello en un ambiente propicio a la insurrección - con intentos de sublevación, traiciones varias y dobles juegos - desde que accedió al trono el Rey en 1814 tras fulminar el Régimen Constitucional - impuesto de espaldas a la mayoría de la población en 1812. 


Seguro que desde esta atalaya se divisarían algunos de aquellas naves 

      Y es que, conviene recordar, en los años precedentes se habían enviado expediciones con resultado calamitoso, además de haberse librado una serie de batallas que no fueron precisamente favorables a la causa realista, defensora de la causa de su Rey - Maipú, Boyacá... Por no decir que corsarios de los insurgentes campaban a sus anchas por las costas de la España peninsular sin que se pudiera frenarlos por falta de medios.

      Pues sí: a pesar de tener todo en contra se consiguieron reunir en la Tacita de Plata nada menos que cuatro navíos, cuatro fragatas, cuatro bergantines, treinta cañoneras - ¿cómo tendrían pensado estas últimas cruzar el charco? - y cien transportes.  Toda aquella flota reunida al mando de un prestigioso - y hoy poco recordado - oficial de la Armada: el Brigadier Francisco Mourelle. Ahí es nada. Y para rematar la lista, otra cifra más: no menos de veinte mil soldados reunidos para el ejército expedicionario - posiblemente más del veinte por ciento de las fuerzas peninsulares. Cuál fuera el estado moral y material de las tropas es otro asunto.

      Todo aquel entramado se fue al traste con el éxito de las sublevaciones posteriores al pronunciamiento del Coronel Rafael del Riego. Así que, en el plazo de de tres meses, la armada se disolvió y la última esperanza de apoyar desde la metrópoli a los defensores de la causa del Rey se esfumó. Todo el esfuerzo realizado, en vano aunque, ironías del destino, aquellas arengas de los cabecillas del pronunciamiento de las Cabezas de San Juan que incluían mensajes en contra de la lucha con los hermanos de allende los mares, se convertirían en papel mojado, pues no pasarían muchos meses antes de que parte de aquellos efectivos tuvieran que vérselas con los hermanos de aquende que se alistaron en las partidas realistas que tuvieron en jaque a los defensores del régimen constitucional. La primera guerra civil del disparatado siglo XIX español.



miércoles, 7 de octubre de 2020

Una villa sobre ondas de azur




      El futuro cercano de una villa como ésta... ¿quién sabe? Tal vez pudiera resultar calcado del presente: veleros esperando buenos vientos, catamaranes de ida y vuelta, cometas rasgando la orilla, pesqueros volviendo de faenar, mercantes cerca del horizonte, naves protegiendo a toda una civilización en la mar... 


La villa, su paseo marítimo y su mar


      Transitando por cualquiera de los paseos marítimos - aquéllos que se construyeron cuando un alcalde se empecinó en convertir a la villa en un balcón al mar - nuestra mente se calma y a la vez se enreda, transmutando cualquier situación rutinaria que acontece más allá de la seguridad del pavimento en afamados recuerdos del ayer. Proyecciones de un pasado ligado a la mar. 


Banderas a media asta en recuerdo de aquel alcalde



      Historias de personas que el tiempo se llevó y que, a veces, vuelven a resonar a orillas de estas aguas atlánticas. Ecos de talasocracias y sus navegantes llegados del mediterráneo, invasores del norte y del sur, exploradores que en demanda de nuevos mundos, vencedores y derrotados de allende los mares... todo desde esta atalaya en la bahía.

      El escudo de esta atalaya, de esta villa, aún contiene símbolos de su relación ancestral con la mar: la ondas de azur y un rosario, simbolizando este último la devoción a la Virgen del Rosario, que además de Patrona de la villa, lo fue de las gentes de la mar hasta comienzos del siglo XX, encomendándose a su protección. 


Un añejo escudo de la villa


      Feliz jornada en su Dia.