Termina el mes de Noviembre. No hay un maldito sello - que me corrijan los participantes en la Exfilna 2025 celebrada imagínense Vdes. dónde. No se ha emitido ninguna puñetera medalla o moneda conmemorativa. Acto institucional o festejos inexistentes. Ni, por descontado, lápida o estatua evocadora en la trimilenaria ciudad. Tan sólo la persistente indolencia supina en celebrar los éxitos de nuestros antepasados. Lo siento, pero es que tiene delito el asunto.
Porque, salvo alguna publicación de difusión reducida y alguna charla en algún centro de enseñanza, poco se ha divulgado de los combates ocurridos a principios de un mes como éste hace cuatrocientos años. Huestes inglesas y rebeldes flamencos llegaron por mar a la bahía al asalto de Cádiz. Objetivos: los de campañas anteriores. Robar el tesoro de la Flota de Indias, saquear la ciudad, pedir rescates por secuestros a residentes y dejar atrás el menor número posible de edificaciones en pie. Gallardos guerreros frente a los siempre depredadores hispanos - y quien roba a un ladrón... pues éso.
Pues bien. A pesar de múltiples frentes abiertos por todos los rincones del orbe por los ataques de los adversarios de siempre, aquel año se les hizo frene con éxito en casi todos los escenarios. Y aquí, por una combinación de factores se les frenó en seco. La mejora en las defensas de la ciudad - aunque lejos de ser perfectas - más la determinación de los defensores fueron determinantes. Aparte, la imprevisión, mandos supuestamente ineptos, las carencias logísticas de los contrincantes, la climatología y unas botas de vino jugaron su papel: recuerden cómo estos factores enfatizados por los propagandistas actuales de aquellos asaltantes fueron minusvalorados por éstos mismos propagandistas en otras ocasiones - ¿recuerdan los sucesos de la Gran Armada de 1588?
Aquí, frente a la Real Villa fondearon las maltrechas naves de la acosada flota, antes de partir para otra intentona a la altura del Cabo San Vicente, y volver a sus puertos de origen menguados y chasqueados. Les dejó tal sabor de boca que no lo volverían a intentar en varias décadas. Que corra un tupido velo, dirán hoy día en tierras más septentrionales: porque fueron derrotados y de éso no les interesa hablar. Ya se pueden imaginar los fastos que estarían celebrando nuestros adversarios si ellos hubieran sido los vencedores.
Se ganó aquella batalla pero, como de costumbre, se perdió el relato tiempo atrás. Parece como si a nuestros rectores y a la élite intelectual se avergüenzan de nuestro pasado, o bien les importan un rábano y prefieren dedicarse a otros menesteres. Cualquier cosa menos hacer piña, expandir la idea de patria y que el colectivo se sienta orgulloso de esa historia común - de derrotas y victorias - y para satisfacción de los enemigos de la Hispanidad, interesados en repetir que nuestra historia se reduce a una sucesión de derrotas contundentes y una(s) inacabada(s) guerra(s) civil(es). Pues, bueno: ya está bien de refocilarnos en la mugre de dolorosas derrotas o de avergonzarnos de actuaciones comunes en un mundo de cuatro siglos atrás. Es hora de cambiar la inercia negativa. Otra "Marca España" es posible, reflexionando y aprendiendo también sobre los éxitos de antaño. A ver si cunde.
Nota: Foto tomada con Nikon Coolpix L830, editada con Microsoft Fotos y Windows Paint.




